Crean un minicorazón que late por sí mismo

Minicorazon creado a partir de celulas madre

Un equipo de la Universidad de California en Berkeley ha utilizado una combinación de métodos bioquímicos (genes, moléculas) y biofísicos (formas, tensiones mecánicas) para convertir las células madre derivadas de un paciente en un minicorazón que se autoensambla, forma sus cámaras y empieza a latir espontánea y coordinadamente.

El corazón es muy similar al que se forma en el feto. Como las células madre de partida están derivadas del propio paciente, el corazón es genéticamente idéntico al paciente en cuestión. Los investigadores Kevin Healy, Bruce Conklin y equipo, esperan que el minicorazón sirva para estudiar las fases tempranas del desarrollo del corazón, tanto en condiciones normales como patológicas. Y sobre todo, poder probar un sinfín de fármacos para evaluar sus efectos sobre el desarrollo cardiaco.

Los científicos de Berkeley han utilizado señales químicas para estimular las células madre a diferenciarse como tejido cardiaco, y también les han impuesto guías y restricciones mecánicas, como barreras circulares que no pueden sobrepasar y que les impone ciertas geometrías y tensiones que emulan las del desarrollo del embrión. En el periodo de dos semanas, las células se autoorganizan según su posición en el círculo al que han sido restringidas. Las células periféricas experimentan una mayor tensión mecánica, y como consecuencia empiezan a diferenciarse como fibroblastos, las células que forman el tejido conectivo y producen colágeno. Las células del centro, que experimentan poca tensión mecánica, se diferencian como cardiomiocitos, es decir, células del músculo cardiaco.

Como las células madre de partida están derivadas del propio paciente, el corazón es genéticamente idéntico al paciente en cuestión. Estas células madre pueden encontrarse en múltiples partes del cuerpo, como por ejemplo en la pulpa dental. La pulpa de los dientes constituye una fuente de células madre dentales, que poseen potencial para tratar patologías o lesiones sin rechazo alguno. Son células madre de tipo mesenquimal, con capacidad de multiplicarse, diferenciarse y especializarse. Estas cualidades inigualables les permiten regenerar piel, huesos, cartílagos, músculos, nervios y otros tejidos que se hayan podido dañar por diferentes enfermedades.

En España, Dencells es el primer servicio especializado en la conservación de Células Madre Dentales. Estas células se pueden obtener de la pulpa dental de los dientes de leche y de los dientes permanentes, para permitir su futuro uso autólogo eventual en terapia celular y medicina regenerativa.

Dencells ofrece un servicio integral que va desde el transporte y procesado hasta la criopreservación y almacenamiento de  las células madre dentales. Su compromiso va más allá, ofreciendo una asistencia excelente que permite conservar las células madre ahora en las mejores condiciones para poder acceder en el futuro a las terapias regenerativas más efectivas con la máxima seguridad, garantía y calidad.

Fuente: El País.

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Células madre para regenerar corazones infartados

Un equipo del hospital Gregorio Marañón ha empleado células cardiacas de donantes sanos para reparar el tenido lesionado de enfermos que habían sufrido un infarto agudo de miocardio. La novedad de este ensayo es que se actúa cuando aún es posible activar la regeneración cardiaca. Además, se recurre a células madre adultas de una zona del corazón que a priori son las más adecuadas.

Los expertos aseguran que el procedimiento, además de sencillo, es seguro. Hasta ahora, en los distintos experimentos de este tipo las células madre utilizadas procedían del propio paciente. Sin embargo, el principal inconveniente de esta técnica residía en que era preciso esperar a que trascurrieran entre cuatro y ocho semanas para poder procesarlas y aplicar a los pacientes. Por este motivo, los investigadores han preferido acudir a células madre de donantes, que tienen la ventaja de que pueden ser almacenadas, circunstancia que hace posible recurrir a ellas cuando mejor convenga. El momento idóneo para transferirlas al enfermo se encuentra entre cinco y diez días después del infarto. Se inyectan a través de la red vascular para que colonicen el tejido dañado y favorezcan su recuperación.

La estrategia se ha probado con éxito en cerdos y luego en un grupo reducido de siete personas, por lo que pronto se ensayará en 55 pacientes. En el estudio, en el que participan la Universidad Católica de Lovaina y el Hospital Saint Louis de París, así como una decena de grupos españoles, tanto de hospitales como de centros de investigación, se evaluará cómo funciona la técnica en humanos, muy similar a la angioplastia, el procedimiento para liberar arterias obstruidas con placas de ateroma mediante un catéter.

Las células de los donantes se cosechan de los tejidos cardiacos que han sido desechados cuando se les ha practicado una intervención quirúrgica, como una cirugía valvular. Después, las células se expanden en el laboratorio hasta alcanzar la dosis necesaria, cuantificada en 35 millones por paciente. Puede parecer una cantidad desorbitada, pero no lo es. En una biopsia se extraen cientos de millones de células. Por ahora ya han sido tratados con este procedimiento siete enfermos que evolucionan favorablemente y que presentaban antes de la intervención una «grave afectación del tejido cardiaco», asegura explica Francisco Fernández-Avilés, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón.

El infarto es la primera causa de mortalidad, aunque los avances de los últimos años han conseguido reducir las defunciones de un 15% hace 15 años a un 5%. Con todo, los pacientes infartados no salen indemnes del accidente cardiovascular y es muy frecuente que desarrollen una insuficiencia cardiaca de por vida, con el agravante de que las reincidencias posteriores suelen tener un pronóstico adverso.

Los estudios preclínicos revelan que las células madre cardiacas producen factores con un gran potencial terapéutico y estimulan una mayor respuesta en el tejido lesionado, superior a la que se ha descrito con el empleo de células de otras fuentes. Esta circunstancia las convierte en las más aptas para inducir una respuesta regeneradora.

Fuente: La Verdad.